Mercados mayoristas adoptan certificación cero desperdicio como nuevo estándar de operación
Certificar un mercado mayorista bajo estándares de cero desperdicio alimentario representa un cambio estructural en la forma en que los grandes centros de distribución conciben su responsabilidad ambiental y social. La Central de Abasto de la Ciudad de México —el mercado mayorista más grande del mundo por volumen de operación— obtuvo recientemente este reconocimiento por parte de la Secretaría de Medio Ambiente local, convirtiéndose en el primer espacio de su tipo en la capital en alcanzar dicho estándar. El hecho no es menor: establece un precedente replicable para otros nodos de distribución alimentaria en América Latina.
Detrás del reconocimiento hay métricas concretas que ilustran la escala del problema y el potencial de las soluciones sistémicas. A través del programa Itacate, entre enero de 2025 y agosto de 2026 se recuperaron 481 toneladas de aproximadamente 110 tipos de productos, destinados principalmente a comedores comunitarios. En total, la institución reporta 648.92 toneladas de alimentos rescatados, lo que ha permitido evitar la emisión de 1,642.26 toneladas de CO₂. Actualmente se recuperan 40 toneladas mensuales de productos que dejaron de comercializarse pero permanecen aptos para consumo humano. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), aproximadamente un tercio de los alimentos producidos globalmente se pierde o desperdicia cada año, generando el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Los mercados mayoristas, por su posición en la cadena de suministro, concentran una fracción significativa de esa pérdida.
Para los estrategas corporativos y líderes de operaciones, el modelo que emerge de esta experiencia ofrece lecciones aplicables más allá del sector público. La certificación exige transparencia en los procesos de recuperación, clasificación y redistribución, así como la incorporación activa de los comerciantes como agentes del cambio. Ambos elementos —trazabilidad y participación de la cadena— son principios que organizaciones como el World Economic Forum identifican como pilares de las cadenas de suministro resilientes hacia 2030. El principal desafío pendiente es la escalabilidad: sensibilizar a un mayor número de operadores, fortalecer la separación de residuos en origen y consolidar mecanismos de rescate antes de que los productos se conviertan en desechos. Para inversores y consultores de transformación, este caso ilustra cómo la autorregulación ambiental, cuando está respaldada por métricas verificables y articulada con redes de distribución social, puede convertirse en un diferenciador operativo y reputacional de largo plazo.



