Minerales y componentes: cómo los países en desarrollo alimentan la cadena de valor de la IA

Exportaciones vinculadas a la inteligencia artificial provenientes de economías en desarrollo revelan una dinámica poco visible en el debate tecnológico global: los países proveedores de minerales y componentes básicos son eslabones estructurales de la cadena de valor que sostiene el avance de los sistemas de IA. En el caso peruano, estas exportaciones alcanzaron 169.2 millones de dólares en 2025, con un crecimiento del 16.6% respecto al año anterior y una tasa de expansión promedio anual del 10.1% entre 2001 y 2025, según datos del sector exportador nacional.

Sin embargo, la participación sigue siendo marginal en términos relativos: apenas 0.19 dólares de cada 100 exportados corresponden a bienes relacionados con IA. Este dato ilustra una tensión estratégica que enfrentan múltiples economías latinoamericanas: su inserción en las cadenas globales de tecnología ocurre predominantemente en el primer tramo —provisión de minerales críticos y componentes básicos—, mientras que las etapas de mayor rentabilidad y sofisticación, como infraestructura de cómputo en la nube, datos de entrenamiento, modelos fundacionales y aplicaciones de usuario final, permanecen concentradas en economías avanzadas. La Organización Mundial del Comercio identifica cinco segmentos interconectados en esta cadena, y la brecha entre el primero y el último define, en gran medida, la distribución global del valor generado por la IA.

Para los estrategas corporativos e inversores que operan en mercados emergentes, esta estructura plantea tanto un riesgo como una oportunidad. El riesgo es la dependencia prolongada en actividades de bajo valor agregado, expuestas a volatilidad de precios de commodities y a la presión competitiva de otros proveedores globales. La oportunidad reside en que la demanda de insumos para IA seguirá creciendo a medida que la industria escale: según proyecciones de McKinsey, la inversión global en infraestructura de IA podría superar el billón de dólares antes de 2030. En ese contexto, los países que logren escalar hacia etapas intermedias —manufactura de componentes especializados, servicios de procesamiento de datos o desarrollo de modelos adaptados a contextos regionales— podrían capturar una porción significativamente mayor del valor generado. El desafío no es solo exportar más, sino exportar distinto.