MiPymes en Centroamérica: récord de confianza empresarial con exclusión financiera persistente

Más de 925 mil unidades económicas sostienen más de dos tercios del empleo formal en El Salvador, según el informe anual 'El estado de la MYPE 2026: La otra cara de la economía', elaborado por el Observatorio MYPE de FUSAI y Flacso El Salvador. El hallazgo más significativo del estudio es el Índice de Confianza Empresarial, que alcanzó 109.1 puntos en el segundo trimestre del año, un nivel sin precedente en la serie histórica del indicador. Sin embargo, esta confianza agregada oculta una brecha interna crítica: mientras las pequeñas empresas incrementaron sus ventas en 42.4 puntos, los negocios de subsistencia registraron un retroceso de 10.4 puntos, lo que sugiere que el optimismo no se distribuye de forma homogénea en el ecosistema.

El informe, basado en encuestas a miles de propietarios en todo el país, identifica cinco barreras estructurales que limitan el potencial productivo del sector. La saturación comercial afecta a cuatro de cada diez propietarios, de los cuales el 63% atribuye la caída de ingresos a la proliferación de negocios similares en su área geográfica inmediata. En paralelo, la exclusión bancaria sigue siendo un obstáculo de primer orden: el 51.5% de los negocios no tiene relación con instituciones financieras formales, y apenas el 3.5% opera con una cuenta a nombre de la empresa, lo que obliga al sistema a ofrecer créditos personales con tasas más elevadas y condiciones inflexibles. Aproximadamente 344 mil negocios necesitaron financiamiento para mejorar su infraestructura, pero optaron por no solicitarlo ante el temor al rechazo o los requisitos excesivos, una forma de autoexclusión que los especialistas en inclusión financiera denominan 'demanda reprimida'.

Dos señales adicionales del informe tienen implicaciones directas para estrategas y tomadores de decisiones en América Latina. Primero, el 43.1% de los propietarios utiliza su vivienda como centro de trabajo —cifra que sube al 50.4% en empresas lideradas por mujeres—, lo que revela un segmento productivo invisible para los sistemas de crédito hipotecario y comercial tradicionales. Segundo, la vulnerabilidad climática ya tiene costos medibles: las altas temperaturas han generado pérdidas en mercancía perecedera y reducido el flujo de clientes, pero solo el 1.5% de los afectados contaba con un seguro; el 38.2% resolvió la emergencia con deuda y el 15.1% liquidó maquinaria. Para México y la región, este diagnóstico anticipa una agenda de política pública y oportunidad de mercado en tres frentes convergentes: productos financieros diseñados para negocios domiciliados en vivienda, microseguros climáticos accesibles y modelos de formación laboral orientados a trabajadores polivalentes, dado que tres de cada cuatro negocios que planean contratar buscan perfiles capaces de cubrir múltiples funciones simultáneamente.