Trabajo no remunerado infantil equivale a casi 2% del PIB nacional
Cuantificar lo que no se paga es uno de los mayores desafíos de la economía moderna. En México, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado realizado por niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años alcanza un valor económico estimado de 616 mil 103 millones de pesos anuales, equivalente al 1.84% del Producto Interno Bruto nacional. Las cifras provienen de la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares y de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, instrumentos que permiten visibilizar una contribución económica que los indicadores convencionales de bienestar infantil sistemáticamente omiten.
Desglosado por grupos de edad, el valor estimado para 2024 asigna 91 mil 479 millones de pesos al trabajo realizado por niñas y niños de 5 a 11 años; 237 mil 23 millones al segmento de 12 a 14 años; y 287 mil 601 millones al de 15 a 17 años. El patrón es claro: la carga se intensifica con la edad y se concentra de forma desproporcionada en las mujeres. Entre adolescentes de 12 a 17 años, el 98.1% realizó alguna actividad doméstica o de cuidado no remunerada durante la semana de referencia, con un promedio de 13.5 horas semanales, lo que equivale a aproximadamente 4 millones 477 mil empleos de tiempo completo bajo jornadas de 40 horas. Las adolescentes de 15 a 17 años dedican 18.8 horas semanales a estas tareas, frente a 11.7 horas de sus pares varones; el 18.8% de ellas supera las 28 horas semanales, proporción casi tres veces mayor que la registrada entre los hombres del mismo grupo. En términos agregados, las niñas y adolescentes generan el 59.7% del valor total estimado.
Las brechas territoriales añaden otra dimensión al análisis. Mientras el promedio nacional se ubica en 13.5 horas semanales para adolescentes de 12 a 17 años, estados como Tlaxcala (17.4 horas), Guerrero (16.6), Hidalgo (16.5) y Oaxaca (16.2) superan significativamente esa marca. En Hidalgo, el 17.2% de los adolescentes dedica 28 horas o más semanales a trabajo no remunerado, frente al 10% nacional, lo que sugiere que las entidades con mayores índices de marginación concentran también las cargas más pesadas sobre la población menor de edad. Para los estrategas de política pública y los directivos de organizaciones con presencia en estas regiones, estos datos plantean una pregunta estructural: ¿pueden los modelos de medición de pobreza infantil y de capital humano seguir ignorando una variable que representa casi dos puntos del PIB? La respuesta, a la luz de la evidencia, apunta hacia una reforma metodológica urgente en la forma en que se evalúa el bienestar y el desarrollo de la próxima generación de trabajadores y consumidores.



