Peso colombiano frente al dólar: factores que marcarán el tipo de cambio hacia 2026
Apertura del mercado cambiario colombiano registra una cotización del dólar en 3,168.03 pesos, con un incremento marginal de 0.04% respecto al cierre previo de 3,166.65 pesos. En términos semanales, la divisa estadounidense acumula un avance de 1.19%, aunque en el comparativo interanual muestra una caída de 13.24%, reflejo de un ciclo sostenido de apreciación del peso colombiano que comenzó a consolidarse desde 2025.
Detrás de este comportamiento cambiario operan fuerzas estructurales que los estrategas financieros deben monitorear con atención. La volatilidad del tipo de cambio se ubica actualmente en 25.5%, nivel significativamente superior a la referencia histórica de 14.45%, lo que indica condiciones de inestabilidad que van más allá de los movimientos cotidianos. Análisis del Grupo Cibest de Bancolombia proyectan que el dólar promediará 3,878 pesos en 2026, sustentado en tres variables: la debilidad global del dólar —evidenciada por una caída de 9% en el índice DXY—, el flujo sostenido de remesas hacia Colombia y la expectativa de incrementos en las tasas de interés locales. Durante 2025, el peso colombiano se apreció aproximadamente 14% frente al dólar, impulsado en parte por la incertidumbre en la política comercial de Estados Unidos.
Desde la perspectiva de política monetaria, el diferencial de tasas entre ambos países es un factor determinante. Mientras la Reserva Federal de Estados Unidos opera en el rango de 3.50%-3.75%, el Banco de la República de Colombia mantiene su tasa en 9.25%, con posibles alzas adicionales vinculadas al ajuste del salario mínimo. Este spread favorece estrategias de carry trade que presionan al dólar a la baja frente al peso. Sin embargo, el escenario no está libre de riesgos: la incertidumbre fiscal derivada del recorte en la calificación soberana de Colombia y el ciclo electoral podrían generar presiones alcistas sobre el tipo de cambio en los próximos trimestres, introduciendo una variable de volatilidad que los tomadores de decisiones corporativas deberán incorporar en sus modelos de cobertura cambiaria y planeación financiera internacional.



