Ensamble con kits importados: México revive un modelo industrial que abandonó hace seis décadas
Autoridades mexicanas están impulsando un esquema que permite el ensamble final de vehículos a partir de la importación de componentes desde países sin acuerdos de libre comercio vigentes con México, incluida China. El modelo, conocido en la industria como SKD (Semi Knocked Down) y CKD (Completely Knocked Down), representa un giro significativo en la política industrial automotriz del país: implica retomar una práctica que fue explícitamente prohibida hace más de seis décadas.
En 1962, el presidente Adolfo López Mateos promulgó el Primer Decreto Automotriz, que prohibió la importación de kits de ensamble y estableció que al menos el 60% de los componentes debía producirse localmente. La medida se reforzó en 1964 con restricciones adicionales sobre motores y conjuntos mecánicos. Esa política industrial, sostenida durante décadas, fue el cimiento sobre el que México construyó una red de más de 2,000 plantas de autopartes que hoy generan aproximadamente 880,000 empleos directos, equivalentes al 41% del empleo total en el sector automotor, una proporción considerablemente mayor a la que representan las plantas armadoras. Con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte —hoy T-MEC—, el criterio de contenido nacional evolucionó hacia contenido regional, integrando proveedores de México, Estados Unidos y Canadá en cadenas de suministro altamente especializadas.
Para los estrategas corporativos e inversores, el debate de fondo no es técnico sino estructural: ¿puede un modelo de ensamble con alto componente importado coexistir con una industria de autopartes madura sin erosionar el valor agregado nacional? La experiencia histórica sugiere que los esquemas SKD y CKD tienden a generar empleos de menor calificación y valor agregado en comparación con la manufactura integrada. La señal de cambio que emite el gobierno mexicano apunta a una apuesta por atraer capital en el corto plazo, particularmente de fabricantes asiáticos que buscan acceso al mercado norteamericano, pero la sostenibilidad de ese modelo dependerá de qué tan rápido —y con qué incentivos— esas inversiones iniciales escalen hacia procesos de manufactura con mayor contenido local. Para los tomadores de decisión en la industria, la pregunta relevante en el horizonte de tres a cinco años es si este esquema funcionará como puerta de entrada o como techo de cristal para el desarrollo industrial del sector.



