Competitividad exportadora: por qué el tipo de cambio real no lo explica todo
Exportaciones en máximos históricos conviven con un Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) por debajo de sus promedios históricos. Esta aparente paradoja está en el centro del debate sobre competitividad en economías emergentes y obliga a replantear los marcos analíticos con los que estrategas e inversores evalúan el potencial exportador de un país.
El TCRM es una medida integral que refleja la evolución de precios y tipos de cambio frente a los principales socios comerciales, permitiendo comparar la competitividad-precio de los bienes locales frente a los extranjeros. Sin embargo, este indicador tiene límites estructurales: no incorpora la carga tributaria, los costos logísticos, la infraestructura disponible, los niveles de productividad ni el entorno regulatorio. En contextos donde se implementan reformas profundas en estas dimensiones, el TCRM puede subestimar —o sobreestimar— la competitividad real de una economía. El caso argentino reciente ilustra este punto con datos concretos: mientras el TCRM cayó de 74.9 unidades durante el último período de gobierno anterior a 56.3 en los primeros nueve meses de 2026, el índice de cantidades exportadas se disparó de 100 a un récord de 152 unidades en el mismo lapso.
Detrás de ese desempeño exportador hay un conjunto de reformas regulatorias y tributarias que alteraron los costos operativos de forma comparable a una devaluación: la eliminación del Impuesto PAIS sobre operaciones comerciales, la reducción o supresión de derechos de exportación en sectores clave, la baja de aranceles de importación para insumos productivos y la eliminación del Sistema de Importaciones que hasta finales de 2023 funcionaba como un cuello de botella administrativo para el comercio exterior. Estas medidas redujeron fricciones sistémicas que el TCRM, por diseño, no captura. Para los estrategas corporativos e inversores que evalúan mercados emergentes, este caso aporta una señal relevante: los determinantes de la competitividad exportadora son multidimensionales, y los modelos que dependen exclusivamente de indicadores cambiarios pueden generar lecturas incompletas del potencial real de una economía. La pregunta que queda abierta —y que definirá la próxima fase del debate— es si estas ganancias de competitividad regulatoria son sostenibles en el tiempo o si requieren ser acompañadas por una convergencia del tipo de cambio hacia niveles que refuercen estructuralmente la posición exportadora.



