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La salud en México: entre la maduración pendiente y la revolución de la IA

En México, hablar de salud ya no es un tema periférico. “Hoy el sector salud sí es relevante para el gobierno”, subrayó Isolde Artz, directora de Asuntos Gubernamentales, Comunicaciones y Relaciones Públicas de Vantive. Su afirmación refleja un cambio de tono: las autoridades conocen los retos y han abierto espacios de diálogo con la industria.

 

Salud
El panorama se dibuja en dos capas: por un lado, la necesidad urgente de madurar un sistema fragmentado y, por otro, la oportunidad de abrazar tecnologías disruptivas.

Rodrigo Ruiz, director general de Stendhal Pharma para México y Latinoamérica, lo describió como una transición de lo transaccional a lo colaborativo. Las empresas, dijo, ya no se limitan a negociar piezas aisladas, sino que buscan construir propuestas integrales que fortalezcan la relación con el Estado y, sobre todo, con los pacientes.

Adaliz Chavero, directora de Relaciones Gubernamentales y líder PEDIG en Gilead Sciences, puso sobre la mesa un contraste: mientras la investigación avanza con fuerza en el sector privado, las barreras burocráticas han frenado su desarrollo en el ámbito público. “Hay que celebrar que el tema de salud está incluido en el plan México”, señaló, pero advirtió que el reto es mapear toda la cadena de valor para que las soluciones lleguen efectivamente al paciente. “La universalidad planteada por el gobierno es positiva en el discurso, aunque enfrenta tiempos largos entre la investigación clínica y su impacto real en la atención”.

Los tres directivos coincidieron en un punto crítico: el gran reto es la maduración del sistema de salud. No basta con discutir los “cómos”; lo esencial es definir qué se quiere lograr, siempre con el paciente en el centro. Chavero fue clara: quedan cuatro años para avanzar hacia un sistema universal que, en la narrativa, suena atractivo, pero que requiere presupuesto y coordinación para ser viable. La fragmentación institucional, la multiplicidad de poderes y los cambios constantes de autoridades son obstáculos que amenazan con frenar los planes.

Y la IA cambiará el panorama de la salud

En paralelo a estas reflexiones, LLYC recalcó que la Inteligencia Artificial (IA) será una importante protagonista en el futuro sanitario. Según la firma, la IA dejará de ser una tendencia para convertirse en un actor fundamental en el proceso de reconfiguración estructural, con crecimientos anuales cercanos al 50% hacia 2030. “La propuesta es pasar de un modelo reactivo a uno proactivo y predictivo, donde el dato se traduzca en bienestar tangible para el paciente”.

Adolfo Corujo, socio y CEO Global de Marketing Solutions en LLYC, explicó que la clave está en la Inteligencia Contextual: escuchar el discurso de los pacientes, entender sus miedos y cerrar brechas informativas que antes alejaban al usuario del tratamiento oportuno. El análisis del Patient Journey Digital revela que los pacientes buscan respuestas en el entorno digital mucho antes de llegar al consultorio, lo que abre la puerta a diagnósticos más tempranos y a una atención más personalizada.

Rafael Escofet, director general y líder global de Salud en LLYC, enfatizó que la IA no reemplaza al médico, sino que amplía su capacidad de atención y precisión diagnóstica. En los próximos cinco años, dijo, se consolidará como un asistente cotidiano en la consulta, facilitando diagnósticos veloces, tratamientos diseñados a la medida y una administración más inteligente de los recursos hospitalarios.

El panorama, entonces, se dibuja con dos capas superpuestas: por un lado, la necesidad urgente de madurar un sistema fragmentado y con limitaciones presupuestales; por otro, la oportunidad de abrazar tecnologías disruptivas que prometen eficiencia, acceso extendido y diagnósticos más certeros.

La pregunta que queda abierta es si México logrará sincronizar ambos procesos: consolidar su sistema de salud mientras integra la inteligencia artificial como herramienta cotidiana. Porque, como advirtieron los directivos, el verdadero cambio no está en los discursos ni en las promesas, sino en lo que se logre para el paciente, ese centro que debe guiar toda narrativa y toda estrategia.

 

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