La niñez migrante, esperanza para la socioeconomía mexicana
Dr. Jorge Francisco Sánchez-Jofras, Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades CETYS Universidad
La frontera norte de México se ha convertido, desde hace casi una década, en un espacio donde familias y niños migrantes permanecen atrapados entre trámites, retornos forzados y esperas indefinidas. Aunque los flujos de migración internacional han disminuido por cambios en las políticas de inmigración y asilo en los Estados Unidos, la llegada constante de familias desplazadas por la migración interna y las deportaciones mantiene a miles de niñas y niños en estado de vulnerabilidad. Es por eso que los espacios de frontera no deben entenderse como lugares de paso, sino como escenarios donde la vida de las personas en situación de movilidad encuentren apoyo para reconstruir sus proyectos vitales.
En 2023, 80,951 niños migrantes entraron a México, según datos del Instituto Nacional de Migración. Ese mismo año, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) registró 33,572 solicitudes de refugio de menores. De este total, el 4% (1,394) no estaban acompañados, mientras que el 96% (32,572) sí. Estas cifras reflejan la vulnerabilidad de sus derechos.
La escuela podría facilitar este proceso, sin embargo, muchas familias migrantes experimentan obstáculos, rechazo o discriminación al intentar acceder a espacios educativos. El documental “Maestra, Veterinaria, Astronauta”, dirigido por Reynaldo Escoto en colaboración con Espacio Migrante, A.C., describe este tipo de situaciones mediante la técnica del sociodrama. El trabajo, realizado a partir de talleres con migrantes y colaboradores de un albergue en Tijuana, logra visibilizar las barreras educativas que enfrentan los padres migrantes. A pesar de ello, la obra destaca el potencial de la niñez migrante, quienes, al recibir apoyo e inspiración de los docentes logran integrarse a las sociedades de acogida.
Las niñas y niños migrantes que residen en ciudades fronterizas, en su mayoría, afrontan situaciones de precariedad económica. Provienen de familias que han agotado sus recursos durante el trayecto, que no pueden acceder de manera inmediata a empleos formales y que viven en albergues, espacios temporales o viviendas informales. A esta precariedad material se suma una carga emocional profunda: experiencias de violencia en los lugares de origen, duelos por la separación familiar, ansiedad ante procesos burocráticos y una sensación persistente de desarraigo.
En esta coyuntura, las iniciativas educativas y artísticas son fundamentales para apoyar a los menores en situación de movilidad. Estas iniciativas son cruciales porque reconocen a los niños y las niñas como sujetos de derechos activos, capaces de construir su propia historia y participar en la sociedad. Las expresiones como el dibujo, la danza, teatro o la narrativa son herramientas clave, pues ofrecen un canal para procesar las emociones complejas cuando se dificulta expresarlas, especialmente tras el trauma y el desplazamiento.
Entre las ventajas de estas iniciativas está su flexibilidad y capacidad de adaptación, sobre todo, en entornos donde la permanencia es incierta y los procesos educativos formales suelen verse interrumpidos. Las iniciativas educativas y artísticas en albergues y espacios comunitarios no sustituyen a la escuela, pero sostienen el derecho a aprender y a expresarse mientras el acceso a sistemas educativos formales es restablecido. Además, fomentan habilidades socioemocionales como la cooperación, la empatía y la autoafirmación, esenciales para quienes han vivido experiencias adversas en la infancia.
Estas iniciativas se alinean con los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño, como el interés superior de la niñez, la no discriminación, el derecho al desarrollo integral y el derecho a la participación. En la frontera, donde las familias migrantes enfrentan situaciones de vulnerabilidad, las iniciativas educativas y artísticas articulan una vía para que los menorespuedan vivir su infancia. Por ello, es necesario que las instituciones y los promotores de estas iniciativas cuenten con los recursos suficientes para sostener sus servicios.
No obstante, la sostenibilidad de dichas iniciativas recae en gran medida en donaciones y agencias de cooperación internacional. Aunque existen acciones coordinadas con los gobiernos locales y estatales, es imperativo que estas capacidades se incorporen en las políticas de atención a la población migrante. Esto implica la asignación de recursos, la provisión de espacios adecuados y la garantía de condiciones para asegurar su continuidad. Sin el soporte institucional, los esfuerzos dependen de la filantropía de organizaciones y personas comprometidas.
El acompañamiento de la niñez migrante es una labor que recae en los talleristas, educadores y artistas que colaboran con las ONG. Su labor requiere de formación especializada, sensibilidad intercultural y herramientas psicosociales. De modo que, garantizar su bienestar es una condición indispensable para prevenir el agotamiento emocional inherente a su trabajo. En última instancia, apoyar las iniciativas educativas y artísticas dirigidas a la población migrante es una inversión en nuestro futuro. Ya que, los espacios de encuentro fortalecen la vida, la imaginación y la dignidad, desafiando las limitaciones del entorno fronterizo.
Las políticas públicas deben respaldar a los menores de edad, pues sea cualquiera que sea su nacionalidad, están viviendo en México, y necesitan desarrollarse del mejor modo para que en un futuro puedan ofrecer conocimientos y valores a la sociedad mexicana, la sociedad que los está ayudando. Por lo tanto, gobiernos, la iniciativa privada y la sociedad, deben cooperar por el bien común de todo el país.
