Producción masiva de sedanes económicos en México comenzó el 15 de enero de 1964 con la constitución de Volkswagen de México. Un año después se iniciaron las obras de la planta en Puebla, y en octubre de 1967 salió de sus instalaciones el primer vehículo producido en el país. Para 1970, la fábrica poblana ya estaba produciendo el Sedán destinado al mercado nacional, equipado con un motor bóxer de 1.6 litros y 46 caballos de fuerza.

Su éxito no se basó únicamente en rendimiento mecánico, sino en sencillez y facilidad de reparación, características que lo hicieron ideal para la vida cotidiana de miles de mexicanos. Se estima que cientos de miles de unidades fueron utilizadas como taxis, muchas modificadas para facilitar el acceso de pasajeros. Este detalle resalta cómo el modelo trascendió su papel como simple producto automotriz, convirtiéndose en herramienta de trabajo e parte integral del paisaje urbano durante décadas.

A finales de los años 80, cuando la industria automotriz exploraba nuevas tecnologías y diseños, el modelo recibió un impulso significativo en el mercado mexicano. Un decreto automotriz emitido en 1989 redujo su precio en un 20%, y fue relanzado como "Sedán Clásico". Este cambio revitalizó su popularidad, logrando vender cerca de 33,000 unidades ese año, cifra que prácticamente se triplicó en los tres años siguientes. La demanda fue tan significativa que en 1990 la planta de Puebla abrió un tercer turno de producción, alcanzando ese mismo año la producción de un millón de unidades, un hito que evidenció la perdurabilidad del automóvil en el mercado mexicano.

Sin embargo, esta supremacía enfrentaría transformaciones estructurales en la década siguiente. La apertura comercial, la llegada de nuevos competidores internacionales y la evolución de las expectativas de consumo hacia vehículos con mayor tecnología, seguridad y confort gradualmente erosionaron la cuota de mercado de este modelo. Factores regulatorios como normas de emisiones más estrictas y requisitos de seguridad vehicular también presionaron hacia la modernización de la oferta automotriz, marcando el inicio del declive de una era que había dominado el transporte personal mexicano durante más de tres décadas.