Economías que abandonan esquemas de protección y subsidios a sectores de baja productividad para incorporar mecanismos de libre mercado enfrentan una paradoja documentada: la desigualdad tiende a aumentar antes de disminuir. Este fenómeno, analizado por Entorno en el contexto de transformaciones estructurales recientes en la región, tiene implicaciones directas para estrategas y tomadores de decisiones en México y América Latina.

Simon Kuznets planteó hace más de 70 años una hipótesis que sigue siendo referencia obligada en economía del desarrollo: su curva en forma de U invertida describe cómo, durante las fases iniciales de transformación económica, la desigualdad se amplía porque no todos los trabajadores pueden migrar simultáneamente hacia sectores de mayor productividad. Las barreras son múltiples —acceso a habilidades, proximidad geográfica a nuevos centros productivos, disponibilidad de crédito e información— y generan una brecha temporal de ingresos. Sin embargo, si la transformación se sostiene en el tiempo, los beneficios se extienden progresivamente a capas más amplias de la población, revirtiendo esa tendencia. En un mercado laboral competitivo, el salario tiende a igualarse al valor del producto marginal del trabajo: cuando este principio se generaliza, la presión alcista sobre los salarios impacta el consumo y, en consecuencia, la producción agregada.

Para los líderes empresariales e inversores que operan en mercados emergentes, el mensaje central es estratégico: el debate deja de ser cómo distribuir una torta de tamaño fijo y pasa a ser cómo maximizar el tamaño de esa torta. Según análisis de Entorno, la clave está en acelerar la transición de empleos de baja productividad hacia sectores de alto valor agregado, reduciendo las fricciones estructurales que retrasan ese tránsito. Las organizaciones que comprendan esta dinámica —y posicionen sus modelos de negocio para capturar valor en sectores de alta productividad marginal— estarán mejor preparadas para operar en economías en proceso de reconfiguración. América Latina, con sus heterogeneidades productivas y brechas de capital humano, representa tanto el escenario más complejo como el de mayor potencial de retorno para quienes sepan leer correctamente las señales de cambio estructural.