Preservación genética agrícola: por qué los cultivos andinos llegan al Ártico
Setenta y un cultivares de origen andino —entre ellos variedades de quinua, kiwicha, ají y tomate— fueron depositados recientemente en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, una instalación subterránea ubicada en el círculo polar ártico noruego, a más de 130 metros de profundidad y a temperaturas de aproximadamente 18 grados bajo cero. El envío, coordinado por el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) del Perú, eleva a 96 el total de cultivares peruanos resguardados en esa infraestructura, que desde su apertura en 2008 funciona como el principal sistema de respaldo genético agrícola del planeta. La operación se enmarca en un acuerdo de cooperación con el Ministerio de Agricultura y Alimentación de Noruega, y responde a una lógica de redundancia estratégica: las semillas depositadas son copias de seguridad de las colecciones que el INIA mantiene en bancos de germoplasma en Puno, Cajamarca y Huaral, no sustitutos de ellas.
Detrás de la selección de estos 71 materiales —46 de kiwicha, 20 de quinua, cuatro de ají y uno de tomate— existe un proceso técnico riguroso a cargo de la Dirección de Recursos Genéticos y Biotecnología del INIA, que evaluó el valor genético, nutricional y el potencial de cada variedad para programas de mejoramiento vegetal. Un criterio central fue la resiliencia: se priorizaron cultivares con características útiles frente a plagas, enfermedades y condiciones climáticas adversas, lo que los convierte en activos estratégicos para la investigación en adaptación ambiental. Según el Foro Económico Mundial, la pérdida de biodiversidad agrícola representa uno de los principales riesgos sistémicos para la seguridad alimentaria global en la próxima década, contexto en el que iniciativas como esta adquieren una dimensión que trasciende lo científico para volverse geopolíticamente relevante.
Desde una perspectiva de gobernanza, el modelo de Svalbard establece condiciones que merecen atención por parte de estrategas e instituciones: la propiedad de los cultivares no se transfiere al país anfitrión, las cajas permanecen selladas y solo la institución depositante puede solicitar su devolución. La gestión corre a cargo del Gobierno de Noruega, el Centro Nórdico de Recursos Genéticos y la organización internacional Crop Trust, que ofrece el servicio sin costo para las instituciones participantes. Este esquema de custodia neutral y acceso soberano representa un modelo replicable para otros activos intangibles de alto valor —datos, patentes, conocimiento tradicional— en un entorno global donde la protección de recursos estratégicos se vuelve cada vez más prioritaria para los Estados y las organizaciones que los respaldan.



