Trazabilidad en cadenas de suministro: cuando la regulación ambiental tiene excepciones
Desde los pastizales de Brasil hasta una tienda de calzado en Berlín, la cadena de suministro del cuero bovino atraviesa continentes, intermediarios y transformaciones industriales que dificultan —y a veces imposibilitan— la trazabilidad completa del origen. Ese desafío está en el centro de una decisión regulatoria que ha generado debate entre ambientalistas, importadores y estrategas de cumplimiento: la exclusión del cuero del Reglamento de la Unión Europea sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR).
El EUDR establece que cualquier terreno deforestado después del 31 de diciembre de 2020 queda fuera del perímetro aceptable para la UE. El reglamento cubre siete materias primas —ganado bovino, cacao, café, palma de aceite, caucho, soya y madera— y exige a los importadores europeos presentar declaraciones de diligencia debida con coordenadas geográficas de la parcela de origen. La responsabilidad recae en el importador, no en el proveedor. Las obligaciones entran en vigor el 30 de diciembre de 2026 para la mayoría de las empresas, y el 30 de junio de 2027 para las de menor tamaño. Sin embargo, en julio pasado, la Comisión Europea eliminó los cueros y pieles bovinas del Anexo I del reglamento —sin votación legislativa—, decisión que entró en vigor el 18 de septiembre. La carne de res, los animales vivos y las vísceras permanecen regulados; el cuero, no.
Tres argumentos sostienen esta exclusión: primero, el valor económico de la piel representa apenas el 1.5% del valor total del animal, lo que reduce su poder de negociación como palanca regulatoria. Segundo, la cadena de suministro del cuero se separa de la de la carne desde etapas tempranas, lo que complica la trazabilidad compartida. Tercero, mantener obligaciones para los cueros crudos pero no para los artículos terminados importados generaba una asimetría que penalizaba a los fabricantes europeos frente a los importadores extranjeros. Para los estrategas de cadena de suministro y los directivos de empresas que importan calzado, marroquinería o accesorios a Europa, la señal es clara: en el corto plazo, las exigencias de trazabilidad sobre el origen ganadero del cuero quedan suspendidas. La Comisión ha indicado que revisará la inclusión del cuero nuevamente en 2030, lo que abre una ventana de varios años —pero no indefinida— para que las empresas desarrollen sistemas de rastreo voluntario que les permitan anticiparse a la siguiente ronda regulatoria sin verse forzadas a hacerlo en condiciones de urgencia.
Para los líderes de operaciones y sostenibilidad, este episodio ilustra una dinámica recurrente en la política ambiental global: las regulaciones con mayor ambición técnica suelen enfrentar presión de simplificación cuando chocan con la complejidad real de las cadenas productivas. Según el Foro Económico Mundial, más del 90% de las emisiones de carbono corporativas provienen de cadenas de valor externas, lo que convierte la trazabilidad de proveedores en uno de los retos estructurales más relevantes para la próxima década. Las empresas que construyan capacidades de mapeo de origen hoy —aunque no sean obligatorias— estarán mejor posicionadas cuando el ciclo regulatorio retome su curso.



