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El SER es el nuevo KPI

 

Por Estefanía Terrazas & Rocío Díaz, Roru


Durante años las empresas aprendieron a medir absolutamente todo. Productividad, desempeño, conversión, rentabilidad, crecimiento, rotación. Hay dashboards para casi cualquier cosa. Pero mientras los negocios se obsesionaban con medir resultados, dejaron fuera algo que hoy ya no pueden ignorar: el estado interno de las personas que sostienen esos resultados.

 

Bienestar
Cuando el estrés ya es crónico, el problema no está en la superficie. Está en el diseño completo del sistema.

Y curiosamente, quien está dejando más clara esta conversación no son las empresas. Es la gente.

Todos los días millones de personas entran a Google a buscar respuestas. Y aunque pareciera algo cotidiano, las búsquedas dicen muchísimo más de lo que creemos. Porque la gente no busca solamente lo que le interesa; busca lo que le duele, lo que necesita resolver, lo que ya no sabe sostener. Ahí es donde herramientas como Google Trends dejan de servir solo para marketing y empiezan a funcionar como una radiografía emocional y cultural de lo que está pasando.

Cuando Estefanía comenzó a analizar términos relacionados con liderazgo consciente, bienestar laboral, burnout, propósito y consciencia, apareció algo muy claro: el interés está creciendo y no precisamente en mercados “estables” o relajados. Los países que más están buscando estos temas son economías en transición, lugares atravesados por presión social, incertidumbre o desgaste laboral fuerte. Perú, Colombia, Ecuador, El Salvador, Filipinas, México.

Y México aparece prácticamente en todos los rankings.

Eso importa más de lo que parece.

Por ejemplo, el término “liderazgo consciente” tuvo un crecimiento fuerte durante 2025, especialmente hacia mitad y cierre de año, justo cuando las empresas hacen evaluaciones y revisiones internas. Pero lo interesante no era solo el aumento. Era cómo se estaba buscando. Las personas ya no estaban preguntando únicamente qué significa. Estaban buscándolo como habilidad, como competencia, como algo que necesitan aprender para sostener mejor sus equipos y decisiones.

Ahí es donde empieza a cambiar la conversación.

Porque durante mucho tiempo se pensó que hablar de conciencia, propósito o bienestar era un lujo corporativo. Algo “extra”. Algo bonito para poner en LinkedIn o en la cultura interna. Pero las búsquedas cuentan otra historia: las personas están intentando encontrar nuevas formas de trabajar porque las viejas ya no están funcionando.

Y eso también se ve clarísimo con burnout laboral.

Las búsquedas relacionadas con agotamiento crecieron muchísimo durante el último año y volvieron a dispararse este 2026. En México, estados con industrias pesadas o jornadas laborales intensas empezaron a destacar más. Pero quizá lo más fuerte no es que la gente esté buscando “burnout”; es que las búsquedas relacionadas están conectadas con términos clínicos y legales. La gente quiere entender cómo se diagnostica, qué implicaciones tiene, cómo protegerse.

Eso significa que el agotamiento dejó de verse como un problema individual. Ya se empieza a entender como algo estructural.

Y honestamente, ya era hora.

Porque muchas empresas siguen intentando resolver problemas profundos con soluciones superficiales. Un programa de wellness aislado, una clase de yoga, una charla motivacional, una NOM-035 aplicada como checklist. Pero cuando el estrés ya es crónico, el problema no está en la superficie. Está en el diseño completo del sistema.

Ahí es donde la sanación empresarial empieza a tener sentido.

No como una idea “espiritualizada”, sino como una manera distinta de entender cómo funcionan realmente las organizaciones. Porque una empresa no es solamente procesos, estrategias y objetivos. Es también emociones, relaciones, tensiones, liderazgo, energía humana y capacidad de sostener presión sin destruirse en el camino.

Y eso afecta directamente los resultados.

Un líder agotado toma peores decisiones. Un equipo desconectado comete más errores. Un sistema operando desde supervivencia pierde creatividad, claridad y dirección. Lo vemos todos los días, aunque muchas veces se siga disfrazando de “alta exigencia”.

Por eso términos como “trabajo con propósito” y “consciencia” también crecieron de forma importante en mercados emergentes y economías atravesando cambios fuertes. Lo interesante es que las personas ya no están buscando solamente estabilidad económica. Están buscando sentido. Quieren pertenecer a algo que no les cueste la salud mental ni emocional sostener.

Y eso cambia completamente el futuro del liderazgo.

Porque las empresas que entiendan esto antes van a tener una ventaja enorme. No solamente para atraer talento, sino para sostenerlo. Van a construir equipos más claros, menos desgastados y mucho más comprometidos con lo que hacen.

Al final, todo termina regresando al mismo punto: el estado del SER impacta directamente en los resultados del negocio.

Por eso el SER se está convirtiendo en el nuevo KPI.

No porque sustituya los números.
Sino porque empieza a definir si esos números son sostenibles o no.

Y quizá esa sea una de las conversaciones más importantes de esta década: entender que cuidar el estado interno de las personas ya no es un lujo emocional ni un “extra” corporativo.

Es infraestructura estratégica para el futuro del negocio.


Estefanía Terrazas & Rocío Díaz, Roru

Sanadoras de Negocios

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