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El traje nuevo del emperador: Cuando el ego perjudica la comunicación de los líderes

Mario Esparza
Mario Esparza*

 

La famosa obra “El traje nuevo del emperador”, escrita por el escritor y poeta danés Hans Christian Andersen, sigue siendo una poderosa metáfora sobre la desconexión entre la percepción que un líder tiene de sí mismo y la realidad que observan sus stakeholders (colaboradores, clientes, proveedores, comunidad, entre otros).

Comunicación

 

La historia del rey desnudo es conocida: un emperador obsesionado con aparentar grandeza es engañado por unos supuestos sastres que prometen confeccionar con tela mágica un traje invisible para cualquier persona tonta o incapaz de ejercer su cargo. Nadie en su corte o el pueblo se atreve a admitir que no puede verlo, por miedo a parecer inútil. El emperador desfila orgulloso… desnudo. No obstante, solo un niño tiene el valor de decir la verdad.

 

En el mundo corporativo ocurre algo similar con más frecuencia de la que se admite, ya que existen líderes rodeados de aplausos, métricas maquilladas y equipos que prefieren callar antes que cuestionar. El problema no es únicamente el ego del ejecutivo, sino la construcción de una burbuja de percepción donde el directivo termina creyendo una versión idealizada de sí mismo.

 

Actualmente, el ego impide que muchos líderes acepten la imagen que tienen sus audiencias porque construye una narrativa interna basada en logros, experiencia y validación constante. 

 

El ejecutivo no siempre escucha lo que las personas realmente ven, sino lo que desea creer sobre sí mismo. Cuando esa narrativa se fortalece con el poder, la posición y la autoridad, cualquier crítica deja de interpretarse como información útil y comienza a percibirse como un ataque personal.

 

En ocasiones, el ego funciona como un mecanismo de defensa al proteger la identidad del líder, pero también bloquea la autocrítica y la objetividad. Por ello, muchos directivos, empresarios, políticos o figuras públicas rechazan encuestas, comentarios negativos o señales de desaprobación provenientes de sus audiencias, ya que aceptarlas implicaría reconocer que la imagen que proyectan no coincide con la experiencia que la gente realmente recibe.

 

Sin duda, uno de los principales factores de fracaso ejecutivo es la falta de autoconciencia. Investigaciones de Harvard Business Review, particularmente el análisis de Tasha Eurich, psicóloga organizacional, investigadora y best seller del New York Times, en el artículo “What Self-Awareness Really Is (and How to Cultivate It)”, señalan que, aunque la mayoría de las personas cree tener autoconciencia, solo entre el 10% y el 15% realmente la posee. Esta desconexión suele incrementarse mientras más alto es el nivel jerárquico, ya que la retroalimentación honesta comienza a desaparecer.


**Es PR mentor, content hacker e storyteller con más de 19 años de experiencia en estrategias de comunicación, relaciones públicas, contenidos y marketing digital B2B/B2C/H2H para cuentas de tecnología, negocios, healthcare, turismo y consumo, entre otras.

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