Automatización bancaria e IA: entre 12,000 y 25,000 empleos en riesgo hacia 2035

Tres escenarios proyectan el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo bancario hacia 2035, y ninguno es trivial. Según un análisis prospectivo citado por Entorno, el escenario más conservador estima una pérdida de entre 4,000 y 8,000 puestos; el escenario central —considerado el más probable— apunta a entre 12,000 y 23,000 empleos eliminados, equivalentes al 7% y 14% de la fuerza laboral actual del sector; y en un contexto de adopción tecnológica acelerada, la cifra podría superar los 25,000 trabajadores afectados. La variable crítica no es si el cambio ocurrirá, sino la velocidad con que las instituciones financieras logren reconvertir su talento.
El impacto de la IA no es uniforme. Su efecto más inmediato recae sobre tareas repetitivas y rutinarias —procesamiento de transacciones, atención básica al cliente, análisis documental—, mientras genera simultáneamente una demanda creciente de perfiles como científicos de datos, ingenieros de software y especialistas en ciberseguridad. El problema estructural es que esta nueva demanda no compensa en volumen las posiciones que se eliminan, y los ciclos de reconversión profesional tradicionales avanzan a un ritmo considerablemente más lento que la adopción tecnológica. Instituciones europeas han comenzado a señalar este desajuste como un riesgo no solo laboral, sino para la integridad del sistema financiero en su conjunto.
En la práctica, los sindicatos del sector financiero reportan que aún no observan un impacto directo y masivo atribuible a la IA en las plantillas. Sin embargo, los mecanismos de ajuste ya operan: más de 1,200 empleados de Banco Santander se acogieron a prejubilaciones el año pasado; alrededor de 400 en Sabadell optaron por planes similares; y cerca de 750 trabajadores de BBVA eligieron bajas voluntarias solo en el primer trimestre del año. Estos movimientos, históricamente utilizados para reducir plantillas sin conflicto laboral abierto, podrían estar anticipando una transición más profunda. Para los estrategas corporativos, la señal es clara: la ventana para construir capacidades internas de reskilling —antes de que la presión tecnológica se vuelva inmanejable— se está cerrando.


