Disparidad de precios de combustible en Centroamérica: señales para la competitividad regional
Precios del combustible en Centroamérica registraron alzas significativas durante septiembre, con valores que superan los 6 dólares por galón en países como Guatemala y Costa Rica. Este comportamiento no es uniforme: cada nación opera bajo esquemas regulatorios distintos —tarifas máximas, precios de referencia o mercados libres— lo que genera brechas considerables que afectan directamente los costos logísticos, la competitividad del transporte y las decisiones de inversión en la región.
Guatemala presenta la mayor variabilidad interna, al no contar con una tarifa nacional obligatoria. Los precios fluctúan según la ubicación, el tipo de estación y el nivel de servicio: el diésel en servicio completo puede alcanzar los 6.62 dólares por galón, mientras que en El Salvador el mismo combustible se ubica en 4.86 dólares bajo precio de referencia gubernamental. Costa Rica, cuya estructura de precios es regulada por la Refinadora Costarricense de Petróleo, reporta gasolina súper a 6.15 dólares por galón, con una solicitud de incremento adicional para octubre aún pendiente de aprobación. Panamá, por su parte, opera con tablas de precios máximos de vigencia quincenal: la gasolina de 95 octanos se fijó en 5.24 dólares, con un alza de 0.40 dólares respecto al período anterior. Honduras completa el mapa con tarifas actualizadas desde mediados de septiembre, donde la gasolina súper en Tegucigalpa ronda los 5.32 dólares por galón.
Para los estrategas corporativos y directivos con operaciones o cadenas de suministro en Centroamérica, estas diferencias no son datos aislados: representan variables críticas en el cálculo de costos de distribución, fijación de precios al consumidor final y evaluación de rutas logísticas. Según análisis del Banco Interamericano de Desarrollo, el costo del transporte terrestre en América Central puede representar entre el 15% y el 25% del valor de los bienes comercializados internamente, una proporción sensiblemente mayor que en economías más integradas. En ese contexto, la disparidad de precios entre países —que en algunos casos supera el dólar por galón para el mismo tipo de combustible— se convierte en un factor de ventaja o desventaja competitiva según la ubicación de las operaciones. Monitorear estas variaciones con periodicidad quincenal o mensual es, cada vez más, una práctica de gestión estratégica y no solo operativa.