Pasar al contenido principal

El desafío no es hacer más. Es sostener mejor

Por Ceci Fabre & Rocío Díaz, Roru

En las empresas hablamos constantemente de resultados, desempeño, metas y eficiencia. Pero pocas veces nos detenemos a observar desde dónde están operando las personas que sostienen esos resultados. No desde el rol, sino desde el estado interno.

Desafío
Hablar de proceso, ritmo y consciencia resulta incómodo en entornos donde el resultado inmediato es lo único que se premia.

Ahí aparece uno de los grandes errores del mundo laboral actual: exigir claridad, foco y compromiso a personas que no están conectadas consigo mismas. Se pide presencia sin crear condiciones para la presencia. Se pide responsabilidad sin espacio para la consciencia.

Cuando lo interno no se atiende, lo externo se desordena.
Y en las organizaciones eso se manifiesta con bastante claridad: desgaste, rotación, decisiones reactivas, equipos que cumplen pero no están comprometidos.

Muchas empresas intentan resolver estos síntomas ajustando procesos, cambiando estructuras o sumando indicadores. Pero cuando no se trabaja la dimensión interna —emocional, relacional, consciente—, los mismos conflictos reaparecen con distintos nombres. No son fallas técnicas. Son repeticiones.

Hay una idea clave que atraviesa esta postura: si no hay presencia, hay repetición.
Y esto aplica tanto para una persona como para una organización completa.

Cuando se opera en automático, desde memorias no revisadas o tensiones no procesadas, las decisiones dejan de ser elecciones conscientes y se convierten en reflejos. El sistema sigue funcionando, pero sin dirección interna. Produce, pero no evoluciona.

En el mundo empresarial esto se ve todos los días. Líderes que reaccionan antes de comprender. Equipos que se mueven rápido, pero sin claridad. Organizaciones que confunden velocidad con avance. Se exige mucho, pero se observa poco.

Y ahí es donde el sistema empieza a romperse.

Hablar de proceso, ritmo y consciencia resulta incómodo en entornos donde el resultado inmediato es lo único que se premia. Sin embargo, ningún resultado es sostenible si las personas están desconectadas de sí mismas. El costo siempre aparece, aunque tarde.

La consciencia no vuelve a las empresas más lentas.
Las vuelve más claras.

Decidir desde presencia no es indecisión; es responsabilidad real. Es dejar de reaccionar para empezar a elegir. Y cuando eso no sucede, las organizaciones quedan atrapadas en patrones que se repiten: mismas dinámicas, mismos conflictos, distintas caras.

Por eso tantas empresas sienten que “ya lo intentaron todo”.
Cambian herramientas, metodologías, consultores.
Pero no cambian el lugar interno desde el que operan.

Cuando hablamos de consciencia no hablamos de algo abstracto ni espiritualizado. Hablamos de algo profundamente práctico: la capacidad de observar lo que está pasando antes de actuar. De reconocer estados emocionales, tensiones no dichas, dinámicas que se arrastran y condicionan decisiones.

Eso es lo que muchas organizaciones no saben hacer solas.

Traducir consciencia en estructura es uno de los grandes retos del liderazgo actual. Traducir presencia en decisiones. Traducir proceso interno en cultura organizacional. Sin eso, cualquier estrategia se queda en la superficie.

Sanar negocios no es suavizar la exigencia ni bajar la vara.
Es crear las condiciones internas para que la exigencia sea sostenible.
Es entender que no se puede pedir claridad si el sistema está saturado, que no se puede pedir innovación si las personas operan desde el miedo, y que no se puede pedir compromiso si no hay conexión.

Cuando una organización empieza a hacerse responsable de lo que pasa adentro, algo se acomoda. Cambia la forma de conversar, de liderar, de decidir. Los resultados dejan de sentirse como una lucha constante y empiezan a aparecer como consecuencia de un sistema más coherente.

El desafío no es hacer más.
Es sostener mejor.

Y eso empieza por algo que el mundo empresarial ha postergado demasiado tiempo: hacerse cargo de su dimensión interna con la misma seriedad con la que exige resultados.

— Ceci Fabre & Rocío Díaz, Roru

 

Version Digital

Shutterstock