Empresas mexicanas enfrentan nuevos riesgos financieros por emisiones, agua y cadenas de suministro
La agenda climática, un asunto reputacional, se ha convertido en una variable financiera crítica para empresas mexicanas. De acuerdo con DUA NetZero Consulting, firma especializada en estrategia de sostenibilidad y creación de valor, las emisiones, el riesgo hídrico y las nuevas exigencias de trazabilidad en las cadenas de suministro inciden en flujo de caja, costo de capital, valuación corporativa y acceso a mercados internacionales.
El nuevo entorno regulatorio obliga a las organizaciones a vincular sus riesgos climáticos al estado de resultados y su continuidad operativa. “Durante años, la solvencia climática fue vista como un capítulo reputacional o de cumplimiento. Eso cambió. Hoy, una empresa que no puede medir sus emisiones, documentar sus riesgos climáticos o demostrar resiliencia operativa puede enfrentar mayores costos de deuda, pérdida de contratos, presión fiscal y deterioro en su valuación”, señaló Fátima Montiel, CEO de DUA NetZero, en el evento “El Business Case de la Descarbonización”.
Baja California ilustra el futuro inmediato para el país: monetizar emisiones como pasivo fiscal. El Impuesto Ecológico considera una tasa de 640.50 pesos por tonelada de CO2 equivalente, con posibilidad de acceder a una exención de hasta 50% sobre la base gravable mediante mecanismos de mitigación tecnológica, compensación y el Sello de Sostenibilidad.
A la presión local se suman estándares internacionales como ISSB, CINIF, NIIF S1 y NIIF S2, además de la Taxonomía Sostenible de México, que se perfila como un filtro relevante para que la banca otorgue créditos preferenciales a proyectos de adaptación y mitigación.
Las leyes SB-253 y SB-261 de California obligan a grandes compañías a reportar emisiones de gases de efecto invernadero y riesgos financieros climáticos. Sectores como manufactura, logística, industria pesada, exportación y nearshoring deberán entregar datos auditables sobre emisiones y riesgos climáticos.
“El nearshoring no solo depende de ubicación, costos o capacidad productiva. También dependerá de qué empresas pueden demostrar trazabilidad climática. Si una compañía mexicana no cuenta con información confiable de Alcance 3, puede quedar fuera de procesos de compra, auditorías corporativas o cadenas de suministro globales”, explicó Ana Paulina Pinto, SME Climate Finance de DUA NetZero.
DUA NetZero advierte que el riesgo hídrico debe analizarse como una amenaza material para el EBITDA. Un recorte de suministro, una restricción de cuotas o un paro de producción pueden ocasionar pérdida de ingresos y afectar la valuación.
La firma recomienda migrar de una visión reactiva de cumplimiento a una arquitectura financiera climática, basada en datos ambientales con grado inversionista, decisiones de CAPEX, eficiencia operativa, mitigación fiscal y acceso a instrumentos financieros sostenibles. “La sostenibilidad eficiente no es un gasto adicional: es una estrategia de protección de valor”, concluyó Montiel.
