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Tres emprendedoras que tejieron su futuro financiero gracias a Avanza Sólido

Por Uriel Naum Avila

Durante el Finance Summit ASO-LI 2026, celebrado en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, que sirvió como marco para conmemorar los 15 años de Avanza Sólido —una Sociedad Financiera de Objeto Múltiple (Sofom) dirigida por Oscar Cruz Torres—, se presentaron cifras que a primera vista parecerían frías: 58,000 clientes activos, 1,400 millones de pesos colocados, créditos individuales de hasta 200,000 pesos. 

Avanza Sólido
De izquierda a derecha: Iván De la Cruz, Director General de Avanza Sólido; Óscar Cruz Torres, Presidente, y Jorge de la Cruz Torres, Director Comercial.

Pero fuera del foro, a kilómetros de distancia, en viviendas de adobe y escaleras de madera en bruto, esas cifras se convierten en algo más tangible: vestidos que cruzan el océano, piezas artesanales que llegan a galerías europeas y rebosos que se tejen hasta por 16 horas.

Esto toma mayor relevancia en el altiplano chiapaneco, donde el sistema bancario suele ser tan esquivo como la niebla en las montañas, y una certeza circula de boca en boca entre mujeres que tejen, moldean barro y bordan: no hace falta un banco para crecer. Hace falta un espacio, insumos y un crédito que entienda que el éxito de un negocio no se mide en meses, sino en generaciones.

Para dar mayor evidencia de esto, en Empresas2030  hemos ido a los patios, museos improvisados y cuartos que funcionan como talleres, para comprender el impacto real de esta Sofom en las personas y sus comunidades. Se trata de historias que los indicadores financieros no cuentan.

Ernestina Pérez de la Torre: El patio donde el tiempo se teje en horas

Afuera de la casa de Ernestina Pérez de la Torre, en Zinacatlán, Chiapas, su madre está de rodillas. No hay una silla cómoda ni una máquina industrial. Sus manos recorren un telar rústico vertical que desafía la velocidad del mundo moderno. Allí nace un reboso que tardará entre 12 y 16 horas en estar listo. Cada hilo es una decisión. Cada color, una emoción para alguién desconocido, que posiblemente no sea mexicano.

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La madre de Ernestina Pérez teje un reboso que tardará hasta 16 horas en estar listo.

Ernestina nunca imaginó que un crédito serviría para comprar estambre. Durante años, ella y su hermana Margarita vendían sus textiles —bordados, telares, rebosos— en la misma comunidad donde los tejían. El gobierno llegaba a veces con financiamiento esporádico, como lluvia fuera de temporada: nunca cuando realmente se necesitaba. Los prestamistas privados, en cambio, siempre estaban disponibles, pero con tasas que devoraban cualquier ganancia.

“Antes de contar con un crédito de Avanza Sólido, no teníamos la visión de poder vender más allá de nuestra localidad. Todo lo que hacíamos era para vender aquí”, recuerda Ernestina.

Hace seis años, una vecina le habló de esta Sofom. Ernestina pidió su primer préstamo. Lo usó para comprar hilos de algodón y estambre. No para pagar deudas, no para emergencias familiares: para producir más. Y funcionó. Con el tiempo, esos hilos se transformaron en envíos a la Ciudad de México. Luego, a Texas.

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La hermana de Ernestina, Margarita Pérez, colabora con su hermana en la confección de prendas textiles.

Hoy, Ernestina no tiene una tienda física. Su escaparate son las exposiciones artesanales y los contactos que ha construido. El crédito le ha permitido aumentar el número de piezas sin perder calidad. Y su siguiente paso es ambicioso: integrar a diseñadoras de su propia comunidad para crear nuevas colecciones, fusionando el conocimiento ancestral con tendencias que aún desconoce.

Avanza Sólido le ofreció algo que ningún estado de resultados mide: la posibilidad de planificar a 12 meses, de comprar hilo sabiendo que habrá un siguiente lote, de soñar con Texas y, ahora, dar un giro a sus diseños para llegar todavía más lejos.

Albertina López Ramírez: El barro que cruzó el Atlántico

En Amatenango del Valle, Chiapas, la casa de Albertina tiene un pequeño museo artesanal. Las paredes son de adobe. El techo, de teja. La altura es tan bajita que un adulto debe agacharse un poco para entrar. Ese espacio, antes, era la cocina de la casa. Hoy, ahí reposan barros que han visto el mundo: figuras de arcilla que viajan a España mientras conservan el olor del horno donde se cocieron.

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El museo artesanal de Albertina López Ramírez: una antigua cocina transformada en galería donde el barro de Chiapas se prepara para cruzar el Atlántico.

Albertina López Ramírez y su hermana María dirigen el "Taller del Trabajo: Galería Grupo la Nueva Estrella, Albertina López”. Detrás de ese nombre largo hay una red de casi 50 artesanas, 10 de ellas son familiares. El suyo no es un taller común. Es una economía doméstica que escala sin perder su esencia.

El crédito que Albertina obtuvo de Avanza Sólido no se fue a una máquina nueva ni a publicidad digital. Se fue a pagar a otras artesanas. A comprar su producción. A garantizar que el trabajo de decenas de mujeres tuviera salida inmediata. “Avanza Sólido tiene un interés más accesible que otros sistemas de crédito”, dice sin titubeos.

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En su casa, Albertina y María (aparece en la foto) venden sus productos a turistas, los cuales llegan a otros países.

Sus principales clientes son turistas que recorren Chiapas. Pero también hay un flujo constante de sus piezas hacia España, donde las figura de barro de Amatenango se venden como arte étnico de alto valor. Para sostener esa cadena, Albertina necesita liquidez constante. Un retraso en un pago significa que una artesana deje de moldear. Un interés alto significa que ella tenga que subir precios y perder competitividad.

Albertina ya mira más allá: quiere convertir su pequeño museo —esa cocina reconvertida— en un espacio mucho más grande. Busca patrocinios, sí. Pero el crédito que ya conoce le ha demostrado que a veces la mejor inversión no es la que viene de un fondo internacional, sino la que llega a tiempo, con un interés justo y sin burocracia infinita.

Martha Jiménez Jiménez:  La cinta métrica que baila con el viento

Para llegar al taller de Martha Jiménez Jiménez, en Vista Hermosa Huitepec, Chiapas, hay que subir escaleras hechas de madera, la cual aún conserva las marcas del árbol de donde fue cortada. En el marco de la puerta, de un clavo oxidado, cuelga una cinta métrica. El viento la mueve suavemente. Martha la toma, se la coloca en el cuello como si fuera un estetoscopio, y se prepara para cortar la tela. Ese gesto, repetido cientos de veces, es el inicio de cada uno de sus vestidos.

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Autodidacta y ganadora del premio Avanza Sólido 2023, Martha transformó el miedo al crédito en vestidos que hoy se venden en Jalisco, Tabasco y España.

Martha es autodidacta. Aprendió a coser haciendo vestidos para sus muñecas. No hubo escuela de diseño ni maestro que le enseñara. Solo la necesidad de crear y, años después, la necesidad de crecer.

Hace cinco años pidió un crédito a Avanza Sólido por 35,000 pesos. Lo usó para más hilos, telas y textiles. Su tienda no está en una calle concurrida: está en Internet. Sus vestidos —con bordados de Chiapas pero cortes contemporáneos— se venden en Cuernavaca, Tabasco, Pachuca, Jalisco y también en España.

“No hay que tener miedo al crédito. Se puede buscar una financiera de confianza para crecer tu negocio”, afirma Martha con una convicción que nace de la experiencia. Y lo dice porque sabe que el dinero es solo una parte. Lo otro, lo que no está en el contrato, son las capacitaciones que Avanza Sólido le ha ofrecido sobre violencia de género, medio ambiente y cómo blindar su negocio, aspectos que van más allá de lo financiero, pero son claves para una mejor calidad de vida para ella.

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Hoy Martha busca generar nuevos diseños para seguir conquistando clientes por medio de plataformas digitales.

En 2023, Martha ganó el primer lugar del premio Avanza Sólido por el potencial y la ideación de su negocio. Su esposo ahora le ayuda en la costura. Juntos, planean nuevas piezas, diseños más atrevidos, una clientela más amplia. La cinta métrica sigue en el clavo. El viento, también. Pero lo que ha cambiado es la certeza: antes de Avanza Sólido, Martha cosía para mantenerse. Ahora diseña para trascender.

El sureste mexicano ha sido históricamente un territorio de contrastes: riqueza cultural y pobreza de acceso, creatividad desbordada y sequía de crédito. Avanza Sólido no inventó, literalmente, el hilo negro ni el barro, ni el bordado. Tampoco inventó el esfuerzo de mujeres como Ernestina, Albertina o Martha. Lo que hizo fue más simple y más revolucionario a la vez: poner dinero en sus manos para que hagan lo que mejor saben.

El flujo económico positivo del que hablaron los directivos — Iván De la Cruz, Director General de Avanza Sólido, Óscar Cruz Torres, Presidente, y Jorge de la Cruz Torres, Director Comercial— en el Finance Summit no es una abstracción macroeconómica. Es el recurso que se convierte en vestidos para España. Es un crédito que permite pagar a artesanas antes de que los turistas lleguen. Es un financiamiento climático que permite adaptar un cultivo al calor extremo.

“No se trata unicamente de dar créditos, sino de acompañar; por eso impulsamos programas de salud, inclusión y medio ambiete. Eso es lo que hace la diferencia”, comenta Óscar Cruz, de Avanza Sólido.

La próxima vez que veas un reboso, una artesanía o un vestido hecho en México, recuerda que, probablemente, no estaría ahí si no fuera por el apoyo de una Sofom (6 de cada 10 pymes reciben su primer crédito de una institución como esta), como lo hizo  Avanza Sólido con estas tres mujeres.

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