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¿Y si el amor también fuera una estrategia laboral?

Bienestar
Por Iván Javier González Abella*

"Antes de cambiar el mundo,  ve y date una vuelta por tu entorno, tu hogar o tu empresa"


Cada año llega abril y las empresas hablan de responsabilidad social. Se desbordan las publicaciones, campañas, reportes, jornadas de voluntariado y cifras en grandes cantidades.

Pero vale la pena detenernos un momento y hacernos una pregunta más incómoda:
¿
Responsabilidad social… con quién?

amor
La conversación sobre responsabilidad social necesita volverse más honesta, menos aspiracional y más cercana.

Porque hablar de sociedad suena amplio. Tan amplio que a veces se vuelve lejano.

Hablamos del medio ambiente, de comunidades, de gobernanza, de impacto social… pero pocas veces hablamos de lo más cercano. De lo cotidiano. De lo que pasa todos los días dentro de las organizaciones.

Porque la responsabilidad social no empieza afuera; empieza adentro.

Empieza en cómo se siente uno mismo.
En cómo se siente trabajar aquí.
En cómo se lidera.
En cómo se responde un mensaje fuera de horario —porque todos sabemos que pasa—.
En cómo se mira a una persona que necesita salir antes.
En cómo se decide entre un resultado… o el desgaste de un equipo.

Entonces la pregunta cambia:

¿Se puede hablar de responsabilidad social cuando no hay responsabilidad con las personas que sostienen el negocio todos los días… o cuando no la hay con uno mismo?

Y los datos nos obligan a mirar hacia adentro.

En México, más del 70% de las personas experimenta estrés laboral de forma frecuente, según estudios de OCC Mundial. Y a nivel global, solo 2 de cada 10 personas se sienten comprometidas con su trabajo, de acuerdo con Gallup.

Entonces, la pregunta ya no es si estamos haciendo suficiente afuera… sino qué está pasando adentro.

En México, varias empresas han avanzado en iniciativas externas: donaciones, programas sociales, acciones comunitarias. Y eso importa, claro que importa.

Pero también importa lo que no se publica, lo que no sale en los reportes, lo que no tiene fotografía. Porque no hay impacto sostenible afuera si adentro hay desgaste.

Y aquí aparece una tensión que pocas veces se nombra: hay organizaciones que quieren impulsar lo socialmente responsable, pero operan con culturas que no siempre cuidan.

¿Qué estamos entendiendo realmente por responsabilidad?
¿Cumplir con estándares… o hacernos cargo del impacto que generamos todos los días?
¿Mirar indicadores… o mirar también a las personas?

La responsabilidad no es solo una estrategia, es una forma de relacionarnos; con otros, con el trabajo y también con nosotros mismos.

Porque sí, también hay una parte que incomoda:

¿Qué tan responsables somos con nuestra propia vida dentro del trabajo?, ¿Ponemos límites?, ¿Hacemos algo con dinámicas que nos desgastan?, ¿O normalizamos lo que sabemos que no está bien?

Tal vez la conversación sobre responsabilidad social necesita volverse más honesta, menos aspiracional y más cercana. Una conversación donde entendamos que la responsabilidad no se mide solo en lo que hacemos hacia afuera, sino en cómo tratamos lo que está más cerca.

Porque al final, la verdadera responsabilidad social no es la que se comunica mejor…
es la que se vive todos los días.


*Iván Javier González Abella es psicólogo organizacional, coach ontológico, especialista en comunicación corporativa, con maestría en recursos humanos y gestión del conocimiento, liderando empresas en LatAm en Recursos Humanos. Actualmente es Director en México de la certificación efr (empresa familiarmente responsable) de la Fundación MásFamilia.

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