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El Mundial que pone en jaque al planeta

En el Mundial se gana, se pierde o se empata. Pero la naturaleza siempre pierde. Esa es la advertencia que lanzan los científicos de la plataforma franco-mexicana Nat5 al analizar el impacto ambiental del torneo que se celebrará en México, Canadá y Estados Unidos en 2026. Con 104 partidos en 16 ciudades y la expectativa de 15 millones de visitantes, el evento podría dejar una huella de carbono de entre 10 y 15 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono y gases de efecto invernadero. La cifra equivale a las emisiones de un millón de personas durante un año o a tres millones de autos circulando sin descanso.

El documento técnico De la Huella a la Acción advierte que la dispersión geográfica del Mundial multiplicará los viajes aéreos, principal fuente de emisiones. No se trata solo de estadios iluminados o residuos generados: el verdadero peso recae en los desplazamientos masivos que sostienen el modelo globalizado del futbol. “La neutralidad de carbono ya no es suficiente. El nuevo estándar es la regeneración: dejar los ecosistemas y las comunidades mejor de lo que los encontramos”, señalan los ecólogos de Nat5.

Mundial

La crisis climática coloca al futbol frente a lo que llaman la Triple Vulnerabilidad. Primero, los riesgos físicos: olas de calor, inundaciones y sequías amenazan la salud de los atletas y la infraestructura deportiva. Con un calentamiento de más de 4 grados, jugar al aire libre sería peligroso durante dos meses al año en regiones templadas. Segundo, los riesgos en las cadenas de suministro: la dependencia del petróleo y el gas expone al sector a shocks inflacionarios que encarecen boletos, transporte y operación de estadios. Y tercero, los riesgos de transición: mientras sectores como movilidad y energía aceleran su transformación, el deporte corre el riesgo de quedarse atrás y perder legitimidad ante una audiencia cada vez más consciente del impacto ambiental.

El informe Décarbonons le Football de The Shift Project refuerza la alarma: apenas el 1% de los partidos internacionales genera el 37% de las emisiones del futbol profesional, principalmente por el uso intensivo del avión. La conclusión es clara: el modelo de negocio que incentiva la globalización de las competiciones choca con los límites planetarios. No se trata solo de carbono, sino de resiliencia, legitimidad y, en última instancia, de la supervivencia del espectáculo deportivo.

Nat5 propone un cambio de paradigma: pasar de la contabilidad de la culpa a la creación de valor. Su plataforma tecnológica busca que organizadores, patrocinadores y aficionados se conviertan en agentes activos de la regeneración de los cuatro capitales naturales: carbono, biodiversidad, agua y suelo. La pregunta que queda en el aire es si el futbol, el deporte más popular del planeta, está dispuesto a reinventarse para no convertirse en víctima de la crisis climática que él mismo alimenta.

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