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Volviendo a la realidad… ¿o nunca nos fuimos?

Iván Javier González
Por Iván Javier González Abella*

 


Cada año, enero y agosto traen el mismo titular silencioso: regreso a labores, regreso a clases, regreso a la realidad. Pero vale la pena preguntarnos algo incómodo: ¿cuál realidad?. Porque la realidad nunca se fue. Estuvo ahí durante las vacaciones, en los correos que “solo tomaban cinco minutos”, en las juntas improvisadas desde un aeropuerto para alcanzar a ver a la familia, en madres y padres organizando quién cuida, en quienes buscan cómo viajar con sus animales de compañía, en quienes llegan tarde a las posadas y vuelven a pedir permiso al iniciar el año.

La realidad es continua. No se pausa. No se agenda. Entonces, ¿por qué hablamos de “volver” como si el trabajo y la vida fueran dos mundos separados?. En México, el regreso a labores coincide con el regreso a colegios y universidades. Y con ello, vuelve una coreografía conocida: horarios rígidos, tráfico imposible, agendas saturadas y la expectativa de que todo vuelva a “funcionar” como antes. Pero antes… ya no existe.

Bienestar
La verdadera responsabilidad está en conciliar, equilibrar y cuidar.

Durante años, esa respuesta ha tenido nombre y apellido. Y casi siempre ha recaído en las mismas personas. Aquí es donde las conversaciones dejan de ser operativas y se vuelven culturales. Muchas organizaciones siguen diseñando políticas como si las personas no tuvieran vida fuera del trabajo. Como si la familia fuera un “tema personal” y no una realidad social que impacta directamente en el desempeño, la permanencia y la salud mental.

Porque México es un país profundamente familiar, diverso en las cargas de cuidado y exigente en lo laboral. La verdadera responsabilidad está en conciliar, equilibrar y cuidar. Regresar a la realidad no debería significar regresar al desgaste. Ni a la culpa. Ni a la renuncia silenciosa de quienes ya no pueden sostenerlo todo. Tal vez el verdadero regreso que necesitamos no es a la oficina, sino a una conversación más honesta: una donde las empresas reconozcan que la vida pasa —todo el tiempo— y decidan gestionar con equilibrio, flexibilidad y responsabilidad.

La conciliación desde las empresas, entendida como el establecer estrategias corporativas de balance, calidad de vida y empresariales de flexibilidad horaria, teletrabajo, permisos, etc., para que trabajadores equilibren empleo y vida personal/familiar no se entiende como un beneficio aislado, sino como una decisión cultural, es gestionar personas reconociendo que el trabajo ocurre dentro de la vida, no al margen de ella.

Por ello, es imperante que las organizaciones en México se hagan está pregunta con honestidad: ¿cómo diseñamos políticas, liderazgos y esquemas de trabajo que respondan a la realidad de quienes impulsan el negocio todos los días? No desde el discurso, sino desde prácticas concretas de corresponsabilidad, flexibilidad y confianza.

Porque sí, todo es realidad; el trabajo, la familia, las vacaciones, el cansancio, los permisos extralaborales, llegar a casa a cocinar, despertar más temprano para correr por Chapultepec o ir en el metro revisando qué pasó en tu red social favorita, la pregunta ya no es si volvemos, sino cómo decidimos conciliar nuestra vida personal y laboral.

*El autor es psicólogo organizacional, coach ontológico, especialista en comunicación corporativa, con maestría en recursos humanos y gestión del conocimiento, liderando empresas en LatAm en Recursos Humanos, hoy es Director en México de la certificación efr (empresa familiarmente responsable) de la Fundación MásFamilia.

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