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Día de la Tierra: Escaparate de promesas incumplidas

Por Ángel Martí

El Día de la Tierra se ha convertido en un escenario global. Las marcas suben al estrado con discursos emotivos: hablan de neutralidad de carbono, de envases reciclables, de compromiso con la biodiversidad. El público aplaude, los hashtags se multiplican y los videos corporativos circulan como si fueran prueba de transformación. Pero cuando se apagan las luces, los números cuentan otra historia.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) advierte que más de diez mil empresas han firmado compromisos alineados al Acuerdo de París, aunque muchas trasladan operaciones contaminantes a países con regulaciones laxas, ocultando su impacto real.

 

Planeta Tierra
Mientras las emisiones globales siguen creciendo, las empresas celebran el Día de la Tierra con campañas.

La OCDE, en su último informe sobre sostenibilidad corporativa, revela que de casi trece mil compañías analizadas, solo una minoría vincula la remuneración ejecutiva a metas ambientales; la mayoría reporta datos mínimos y carece de estrategias integrales.

El Carbon Disclosure Project (CDP) confirma que apenas una de cada diez empresas integra decisiones “Earth-positive” en toda su operación, mientras que casi la mitad cumple solo con requisitos básicos de divulgación. El Banco Mundial, por su parte, señala que aunque se han establecido cinco compromisos corporativos para integrar el cambio climático en operaciones, solo tres se aplican de forma consistente y la mayoría de proyectos carece de indicadores sólidos de resultados.

El contraste es brutal: mientras las emisiones globales siguen creciendo, las empresas celebran el Día de la Tierra con campañas que rara vez se traducen en cambios estructurales. La Organización Meteorológica Mundial advierte que entre 2025 y 2029 existe un 70% de probabilidad de superar los 1.5°C de aumento global. Cada promesa incumplida acelera ese escenario.

El Día de la Tierra no necesita más discursos. Necesita empresas que pasen del storytelling al storydoing, que conviertan sus promesas en políticas medibles y verificables. Porque la reputación se construye con hechos, no con hashtags.

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